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sábado, 28 de marzo de 2020

¡Mágico!


Dedicado a Raquel con todo mi cariño en su cumpleaños muy especial (14/06/2021)



Era una casa no muy grande ni demasiado antigua, al menos de aspecto, el tejado era negro, de pizarra, y caía a dos aguas, ambas en nuestro jardín, el revestimiento exterior era tirolés blanco. La construyó un tío de mi abuelo allá por 1920, cuando todo esto era campo, y había sufrido un montón de reformas desde entonces.

¡Cómo me gustaban las fresas! Mi mamá las preparaba muy bien, cortadas en cuatro trozos, un poquito de azúcar y muy fresquitas. Me las ponía por las mañanas, para desayunar, antes de ir al colegio, mientras mi papá comentaba con ella las cosas que les ocuparía el día. Sí, desayunábamos juntos en esa gran cocina que comunicaba directamente con el jardín trasero en el que mi madre cuidaba un pequeño huerto. Ambos trabajaban mucho, mi padre vendía ordenadores muy grandes y muy potentes y mi madre estaba multiempleada aunque algunas de sus ocupaciones no reportaban nada a la economía familiar, al menos directamente. Era muy conocida en el barrio, promovía iniciativas ciudadanas, gestionaba ayudas a los necesitados, daba conferencias sobre los aspectos asociativos vecinales, escribía artículos para el boletín de Ciudad Lineal y colaboraciones esporádicas para el Diario de la Tarde de Madrid, la mayoría sobre aspectos de la vida social en nuestro barrio, por esto último le pagaban algún dinero. Y ahí no acababa la cosa, no paraba, siempre estaba muy ocupada. Pero su actividad principal, la que más le gustaba, era escribir. A los cincuenta y pocos publicó una novela que tuvo relativo éxito y tres años más tarde otra con la que finalizó su carrera literaria pública.

Después de desayunar, mi papá y yo salíamos hacia el colegio mientras mi madre subía las escaleras y se ponía a escribir. Noe seguro que seguiría con sus recuerdos, era la segunda cosa que más le gustaba. Bibi nos recogía todos los días a las tres y me llevaba a casa, yo normalmente era la tercera, por lo que no llegaba hasta por lo menos las tres y media. Nada más pasar la gran puerta metálica que daba a la calle había un pasillo muy ancho y bastante largo en el que mi padre dejaba el coche y al que daba la ventana de mi cuarto, que estaba en la planta baja. Un poco más adelante se abría el jardín a la vez que se estrechaba la casa hacia la izquierda. En esa parte, que era como un pegote de una sola planta, estaba la cocina a la que se entraba por la puerta más utilizada de la casa.

Abrí la puerta, no había nadie y mi madre tampoco estaba en la habitación del fondo, porque de estarlo se oiría la televisión, a mi madre le gustaba ver la tele mientras planchaba y en ese cuarto a esa hora de la tarde solo se planchaba. Me acerqué al mueble de la izquierda, abrí la puerta y cogí un montón de galletas de la caja. La cocina comunicaba con el pasillo, y una vez en él abrí la puerta de la derecha. Nada, en el comedor solo había una bolsa de la compra encima de la mesa, me acerqué y vi que había naranjas dentro. Era un salón muy grande y bonito, en forma de ele con unos grandes ventanales por los que entraba mucha luz y brisa en verano. Muebles clásicos de madera maciza en la parte del comedor y varias librerías y dos cómodos sofás tapizados con motivos florales en colores vivos frente a la chimenea que en invierno usábamos bastante. Salí de nuevo al pasillo por la puerta del salón y fui directamente a mi cuarto para dejar mi cartera de cuero con los cuadernos del cole. No había nadie, tampoco se oía ningún ruido. Así que abrí la puerta del cuarto trastero que había al lado de mi habitación para charlar un rato con Noe, me gustaba, me hacía compañía y me tranquilizaba. Además me divertían mucho sus historias, las que más las de cuando las tropas francesas invadieron Madrid y se comportó como un auténtico héroe. Decía que seguramente era lo que más me gustaba porque era lo más real, lo que verdaderamente había vivido, que aunque también conocía historias muy interesantes de muchos otros asuntos, en realidad se trataba de cosas que había visto como se ve una película, o mejor, una obra de teatro, sin haber participado en ellas, él no podía participar ya en nada, y claro, no era lo mismo porque no podía poner el mismo entusiasmo al contarlo.

No había nadie en el cuarto, ni rastro de Noe. Me pareció extraño, solo me quedaba investigar por la planta de arriba donde estaba el dormitorio de mis padres. Allí mismo, frente a mi habitación estaba la escalera, que ascendía en dos tramos. El dormitorio era enorme, junto con el cuarto de baño ocupaba las tres cuartas partes de la planta de la casa. La cama en medio pegando a la pared, a la derecha la zona de mamá con una gran mesa de madera y dos sillas y una butaca, para escribir y sus negocios como decía ella, a la izquierda la de papá con una tele, una gran butaca de imitación a cuero y lo más importante: una bicicleta estática semiprofesional que, según él, utilizaba todas las mañanas. Pues allí, allí estaba Noe… y también mi madre. Se había quedado dormida sobre la cama, pobre, no paraba, y Noe estaba tumbado junto a ella mirándola embelesado. Porque Noe decía que mamá era la mujer más guapa que había conocido y que prefería no verla mucho porque se ponía triste de su condición, en aquellos momentos me dejaba descolocada porque no sabía a qué se refería con "su condición", y que si no fuera por eso ya se podía ir preparando mi padre, porque se la quitaba. Me acerqué a ellos y me puse a charlar con Noe, le dije que era un ridículo y que si no quería coincidir con mi madre esa no era la mejor forma. Me decía que se conformaría con poder tocar su cabello u oler su piel. En esos momentos, cuando se ponía así, me daba pena, como cuando me veía comer fresas maduras, o beber un vaso de leche u oler una rosa del jardín. Pero entonces, se incorporó de golpe en la cama y me dijo "fuera penas", que no podía quejarse, que me tenía a mí y podía hablar conmigo y ver los atardeceres y escuchar la maravillosa música que algunas veces ponía mi padre y escuchar la voz de mi madre... y justo, en ese momento se volvió a poner triste, debía estar muy enamorado. Ese día, mientras ella dormía, me contó una de las cosas más impactantes que haya oído nunca: cómo fue su muerte. Le fusilaron los franceses después de caer prisionero en una emboscada. Unos soldados le reconocieron como el culpable de la explosión del polvorín central, que les dejó sin municiones más de medio día. Le fusilaron en la zona de Moncloa, y muchos años después se reconoció a sí mismo en un cuadro del Museo del Prado, con una camisa blanca y alzando los brazos delante del pelotón de fusilamiento. El pintor le sacó muy poco favorecido, pero le hacía ilusión haber pasado a la historia.  Me quedaba embobada escuchando sus historias, siempre ha sido así. Nunca me lo había planteado hasta ese momento: pero si le mataron hace tanto tiempo… ¿Porqué seguía allí, en casa, conmigo? ¿No tendría que estar en el lugar donde reposan las personas que han muerto? Pero justamente cuando se lo iba a preguntar, se despertó mi madre. Me dio un beso mientras se desperezaba y me acariciaba el pelo. Noe me gesticulaba dándome a entender la envidia que le daba, le ignoré, y cuando volví mi vista de nuevo hacia él vi como se estaba diluyendo en el suelo. Mamá me dijo "¡vamos Laura!", me cogió de la mano, bajamos a la cocina cantando y bailando una canción de Mecano y nos pusimos a hacer rosquillas según la receta que me habían dado en el colegio.

Unos días más tarde, cuando me acordé, le volví a preguntar y Noe me lo contó todo de la forma más sencilla que se podía. Imagino la cara que debí poner pues no entendía, me resultó muy complejo, tan solo tenía ocho años. Realmente tenía muy difícil su salida del mundo de los vivos.

Son recuerdos bonitos de mi niñez que ahora que vivo sola me gusta rememorar en mis momentos de sosiego junto a él, mi gran amigo, ¿Verdad Noe?



© Copyright de los textos, Alvaro Emilio Sánchez Tapia, 2019

2019.12









              

jueves, 7 de enero de 2016

La irrealidad de hoy 7 de enero.



Hay veces que la angustia te oprime el pecho, en vez del amor, que la desesperanza te angustia aunque realmente no exista. Hay veces que se ve todo más negro de lo que es, que te sientes deprimido como si mañana no fuera a llegar, como si no volviera a haber más rayos de sol, unos momentos en que todos los pensamientos se vuelven hacia el lado oscuro.

Y es irreal.

Y hay que superarlo porque la realidad no es esa. La realidad es que estas vivo, respiras y solo eso sería motivo para estar contento, para la alegría. Pero si ademas los tuyos están bien y tienes trabajo y salud dignos, no hay motivos, no los hay, para el desánimo y la angustia.

Pero existen dentro de ti aunque no sepas porqué.

En esos momentos hay que ser consciente de que la vida es lucha y ésta es una de ellas, la lucha contra los fantasmas, contra los espejismos.

Ya habrá motivos para deprimirse, entonces será cuando habrá que luchar duro, cuando estén justificados la depresión y el desanimo.

Ahora no, mañana amanecerá y todo habrá pasado con la llegada de los rayos del sol, aunque sea atenuados por alguna nube.

Estás vivo y sólo por ello tienes, en todo momento, el deber de luchar e intentar ser feliz.



miércoles, 8 de julio de 2015

Depresión.



Tengo muy claro que los seres humanos somos emocionalmente débiles y que hay que, uno, tenerlo en cuenta, y dos, tomar precauciones.

Porque es peligroso, puede llevar a la muerte por cosas tan terribles como la dejadez, la inanición, el suicidio, el daño a los demás o el asesinato.

Cuando atravesamos unos momentos de felicidad tenemos que ser conscientes de que son justamente eso, momentos. La felicidad continua no existe, se llama de otra forma, ¿quizá estabilidad emocional?. 

Pues eso, cuando atravesamos momentos de felicidad y estos finalizan, nos podemos ver inmersos en una caída emocional vertiginosa desde lo alto de una montaña rusa y sentir una especie de vacío en el estómago y una sensación de profunda desdicha e infelicidad, aunque no exista, aunque solo haya consistido en la vuelta a la normalidad.

Cuidado, tenemos que ser conscientes y tener cuidado, es un espejismo tétrico e irreal, en realidad lo más probable es que no haya pasado nada, solo la falta de felicidad, como casi siempre.


Hay que joderse, qué pena, qué débiles somos, ni la felicidad nos hace felices.
  
  
  

martes, 21 de junio de 2011

No se puede tener todo


Curiosa frase que esta mañana me ha venido a la cabeza. Se está convirtiendo en otra frase hecha como "es lo que hay" y como otras muchas que van sembrando nuestra forma de hablar, de comunicarnos, a causa de los aconteceres de la vida, de las épocas de bonanza y de las de crisis. Por cierto, esto último es otro buen tema para escribir.

"No se puede tener todo". Esta frase la oí por primera vez de boca de una persona a la que aprecio, fue hace aproximadamente dos años y me sonó a algo a medias entre reproche y reivindicación. Me llamó la atención pero no le di la importancia que ahora creo que tiene. En esos momentos la crisis internacional había comenzado y aquí aun apenas se notaba.

Pero esta mañana en el metro, quizás uno de los sitios en los que dedico mas tiempo a pensar, junto con la cama cuando me despierto por la noche, me ha saltado a la cabeza. Es un frase cierta y acertada, aplicable absolutamente a todo el mundo, no es conformista, aunque alguien la pueda utilizar para tal fin, para despreocuparse por la falta de algo que le gustaría tener. No, es una gran verdad, no podemos tener todo. Nadie.

Iba pensando en que durante mucho tiempo, durante muchos años no he sido consciente del significado de esta frase que aun no existía. He vivido quizás un poco más atropelladamente de lo necesario intentado "tener todo", o sea, tener cosas que son incompatibles entre si. De este modo he luchado absurdamente, en mi ignorancia, por conseguir cosas imposibles.

Es imposible en un día de agosto, a las tres de la tarde, en Madrid, estar al sol y tener frío, es incompatible. ¡Vaya tontería de ejemplo!

Hay muchas más cosas incompatibles de las que creemos, pensad. Por ejemplo, ¿es compatible triunfar profesionalmente y dedicar el tiempo necesario a tu familia? En este mundo tan competitivo y agobiante yo creo que no es compatible, pero si lo consigues es a base de renunciar a otras muchas cosas. No se puede tener todo.

Desde hace algunos años mi vida se ha desviado de ese frenesí, de esa locura a la que nos conduce con frecuencia nuestra vida profesional. Esa locura que provoca que en muchas ocasiones no pensemos con la intensidad y claridad necesarias, que no profundicemos lo suficiente en nuestros problemas personales y en el mundo que nos rodea. Por ello, debido a ello, me ocurría que en algunos momentos me creía superman y en otros una pequeña hormiguita susceptible de ser pisada por algún tremendo zapatón. Tenía una visión parcial de la vida, de mi vida.

En la vorágine de lo que sea, si es que estamos dominados por ella, pocas veces nos damos cuenta de la realidad. Somos personas, seres humanos, con  una capacidad innata de ser tremendamente fuertes interiormente y muy frágiles exteriormente. Nuestra fuerza está en nuestro interior, pero tenemos que sacarla fuera y utilizarla para intentar buscar la felicidad junto a la gente que nos rodea y amamos.

Ahora sin embargo, fuera de esa vorágine y esa locura, sé interpretar y entender esa frase que cada vez estoy escuchando más.

Sí, no se puede tener todo, es una gran verdad, tenemos que comprenderlo, no sólo soltarlo como cualquier frase hecha y ya está. De ello depende algo, quizás alguna parte de nuestra felicidad.

Cuanto antes nos demos cuenta, mejor.