sábado, 7 de enero de 2012

Verano de 1971

En el verano de 1971, un adolescente al que le queda poco de serlo está asomado a un balcón de la calle de Argumosa. Está escuchando canciones psicodélicas de entonces, Jefferson Airplane. Su mente está volando de un pensamiento a otro sin descansar, parándose en cada uno de ellos lo suficiente para entender y tranquilizarse. Está hecho un lío, pero ni lo sabe ni le importaría en caso de que lo supiera.

La vida es una extensa  región virgen sin explorar, aunque él no lo sepa aun. Su instinto le incita a experimentar, y comienza a confiar en ese instinto que va a marcar cada uno de sus días. De vez en cuando fija su mirada en esa ventana lejana donde hay una chica de pelo largo y liso. Está como él, todas las mañanas, pero es incapaz de descifrar sus rasgos por la distancia, sólo una bonita melena morena y una cara ovalada, ¿Joan Báez? Nunca sabrá cómo es la cara de esa chica. No puede salir de casa, tiene una enfermedad gilipollas que, aunque carece de gravedad, le obliga a guardar reposo.
 
No lo sabe aun pero en pocos meses su vida va a dar un cambio enorme. Va a dejar de ser un adolescente y a poner las primeras estanterías para colocar las actividades de su vida adulta. Acaba de finalizar el disco de Jefferson Airplane y busca el de Neil Young por encima de su desordenada cama, en su desordenada habitación, en donde vive su desordenada y genial vida.



© Copyright de los textos, Alvaro Emilio Sánchez Tapia, 2024

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